El funeral del divorcio

El divorcio es uno de los duelos más difíciles de afrontar. Es un duelo igual que el de la muerte pero en soledad, especialmente para la persona que tomó la decisión de finalizar el matrimonio y peor aún si es la mujer quién tomó la decisión.

En mi caso fui yo quien decidió finalizar el matrimonio y eso me costó muy caro porque las personas asumen que al ser uno quien tomó la decisión es porque «está bien y no está sufriendo, al contrario hizo sufrir al otro». Pero a estas personas claramente les queda muy fácil juzgar sin haber pasado por algo similar.

Que yo tomara la decisión porque creo que era la correcta para ambos, no significa que no me doliera, que no me importara que estuviera perdiendo a la persona que me había acompañado por 13 años y que además no me doliera saber que todo lo que algún día soñamos juntos no iba a ser posible.

Es desgarrador, es como perder a tu esposo por muerte súbita, a toda su familia e incluso a amigos en un mismo instante. En un divorcio no se pierde solo a la pareja, se pierden familiares que uno amaba, amigos e incluso costumbres. Son muchos duelos a la vez.

Adicionalmente a este momento tan duro, se suma que las personas que te rodean no lo ven como un duelo como el de la muerte entonces te dejan sola e incluso algunos familiares te juzgan por tu decisión y deciden enojarse contigo.

No hay una vela, un funeral o un entierro como tal…pero en un matrimonio roto la pareja vive la separación como la vela, el divorcio como el funeral y eliminar recuerdos que tenías guardados en la casa como el entierro. Es muy doloroso.

Una mujer casada pierde a su esposo en un accidente y todos llegan a consolarla, pero una mujer casada pierde a su esposo porque las cosas ya no marchan bien y todos se alejan. Es uno de los duelos más solitarios que alguien puede atravesar.

Recuerdo que cuando firmé el divorcio me sentía devastada y sentí la necesidad de buscar empatía en algunas amigas, unas me dieron algunas palabras de aliento y empatía, otras me dijeron «esto era lo que querías ahora sigue adelante» y eso fue todo, ninguna me ofreció apoyo emocional en ese momento ni siquiera para ofrecerme salir con ellas y distraerme ese día. Volví a mi casa sola y devastada.

Pero en esos momentos es cuando más importa mantenernos fuertes, con esperanzas en el futuro y en mi caso unida a Dios, no creo que hubiera podido llevar esto sola si no hubiera sido porque busqué la ayuda de Dios.

Es importante pedir apoyo y ayuda a algún familiar, amistad e incluso un psicólogo para poder fortalecerse y atravesar el duelo de la manera más sana posible para que con el pasar del tiempo hayas logrado sanar tu corazón.

No juzgues a otros si no conoces la historia, esa historia solo la conocerán los involucrados. Y si eres la que es o ha sido juzgada y abandonada, mantente fuerte, siempre aparecen ángeles en el camino que lo rescatan a uno en el momento que más lo necesitamos. ¡No estás sola, se fuerte!

Un abrazo,

Montse.

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