Primer paso hacia la liberación emocional

“Nadie me puede hacer daño sin mi permiso”

Esta profunda y bella frase de Mahatma Gandhi, nos lleva a reflexionar acerca de la manera cómo permitimos que sean otros quienes den forma a nuestras emociones y sentimientos.  ¿Cómo puedo ser libre, si pongo en manos de otros mi felicidad?

Ser feliz es una elección personal y por ello, cada una de nosotras es la única responsable.   A veces, nos dejamos llevar hasta en las cosas más sencillas, pero todo cuenta y va sumando.  Dejar mis decisiones a otros se vuelve una costumbre, una rutina destructiva que me mantiene en una zona de confort.  Desde allí puedo esperar a que otros dirijan mi vida, así no seré yo responsable y podré culparlos por mi infelicidad.

Hasta sin percatarnos, nos dejamos llevar por lo que otras personas nos dicen, por la sociedad y hasta por la publicidad.  Así, poco a poco, vamos olvidando que el poder de decidir y cambiar vive dentro de nosotras mismas.  Las pequeñas decisiones que tomamos son las que van esculpiendo quienes somos.

¿No les ha pasado que se han quejado de dolor de cabeza y la respuesta inmediata es que “tomemos una píldora”?  A eso en medicina le dicen “tapar el cuadro”, es decir, cubrir algo en lugar de buscar sus raíces, lo que permitiría actuar eficazmente.  ¿Cuántas veces nos hemos dejado llevar, aun sabiendo que el consejo que nos han dado, no era el mejor?  ¿Qué pasa cuando hablamos de decisiones mucho más serias?

Debemos ser nosotras quienes tomemos las riendas de nuestra vida, detenernos a reflexionar y así  emprender una ruta de acción.  Volviendo al simple ejemplo del dolor de cabeza, podría decidir que hoy llegaré a la casa y me daré un baño caliente, haré esa llamada para solucionar el problema que tanto me preocupa, me iré temprano a dormir, haré un poco de relajación o simplemente, iré al médico para que me revise.

Siempre hay alternativas para resolver nuestras situaciones, en lugar de “taparlas” y toda ellas nacen de la reflexión, así podremos llegar a conclusiones y tomar la mejor decisión, o al menos, la que creamos que es correcta.  Al fin y al cabo será nuestra decisión y asumiremos las consecuencias que correspondan.  ¿Es eso lo que nos da miedo, asumir las consecuencias?  Creo que es mejor asumirlas, a ir por la vida aceptando que sean otros quienes decidan.

Tristemente, debemos aceptar que a menudo, somos nosotras quienes “damos permiso” para que alguien nos hiera.  No sabemos poner límites y esperamos que sean las otras personas las que cambien.  ¿Si sabemos que esa amiga no puede guardar secretos, para qué te sinceras con ella?  ¿Si la relación con tu pareja no va bien, por qué no enfrentarlo y tratar de buscar una solución, en lugar de seguir esperando a que “de pronto” todo marche bien?  A menudo, creemos que es mejor poner lo que nos duele o nos afecta en el fondo del cajón, en dónde quede «tapadito».

Para acabar de fastidiar todo, no sabemos discutir y creemos que enfrentar una situación equivale a peleas, gritos y tener que enemistarnos con las personas.  Se nos hace difícil llamar a esa amiga y decirle lo mucho que nos ha “dolido” que fuera a contar lo que le confiamos y que por ello no podremos volver a confiar en ella.  Eso sería para muchas personas “perder”, mostrarse vulnerables.   Si no nos permitimos expresar nuestras emociones, entonces lo más fácil es “tomarse una píldora” y dejar de hablarle a la amiga, o tener que evitarla cada vez que la encontremos.  Eso es ir por la vida “tapando el cuadro”, como si no hubiera pasado nada.  ¿No habría sido mejor llamarla, expresar lo que sentimos?  No hay necesidad de peleas, se trata de liberar tus emociones y decir lo que sientes.  Así cerramos círculos y dejamos de ir por la vida con cajones llenos de “basura”, que sólo nos daña.

¡No perdamos tiempo valioso y vivamos una vida más libre y plena! Quizás no nos enseñaron a hablar y a discutir sanamente, pero podemos comenzar a aprender expresando asertivamente nuestras emociones.  Dejemos ya ese “gran ego” que nos impide mostrar cuánto nos ha dolido o  molestado algo, decir lo que sentimos ¡es liberador!

Quizás sea hora de dejar de esperar a que otros cambien y cambiar nosotras, dejar de tapar y ocultar nuestros sentimientos y emociones.  No temamos a que otros se “enojen”, ya no somos niñas y debemos establecer relaciones sanas, que nos aporten, nos hagan sentir vivas y felices.  Si una persona no puede entenderte y mostrarse empática cuando le dices que “te ha dolido” lo que ha hecho, pues entonces déjala, no puede respetar tus sentimientos, es tóxica.  Pero aquellas que si lo entiendan, serán mucho más cuidadosas en su trato hacia ti y se fortalecerá la relación, haciéndola más gratificante y positiva.

¡Nadie puede hacerte daño sin tu permiso!   Cierra círculos y ve “limpiando” tus relaciones con los otros, de esa manera cada día serás más fuerte y libre.

Un abrazo fraterno,

Vane.

 

 

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