¿Por qué es tan difícil perdonar?

Desde niña me enseñaron a “hacerme querer, siendo buena y linda”, a esperar que fueran los demás quienes me “aprobaran” y me hicieran sentir valiosa. A servir a los otros por el hecho de que soy mujer y nací para eso, siendo cada día más agradable, cariñosa y dulce.  Así fui criada, así era el tipo de mujer “ideal” que me enseñaron.  La mujer valorada porque se casó “bien”, tuvo hijos y su vida la definen otros.  Creo que por haber sido criada así, permití tanta agresión y por tanto tiempo (lee mi post «Creí que lo había perdonado…»)

Y también creo que es por eso, que el camino de iluminación y descubrimiento que he recorrido para sanar y liberarme, tomó más tiempo.  Tuve que trabajar en romper patrones y pensamientos que estaban muy arraigados en mí, pero lo más difícil fue cuando tuve que enfrentarme con el perdón.  Poco a poco, llegué a comprender por qué para mí, fue tan difícil perdonar y esa reflexión es la que hoy quiero compartir contigo.  Te abro mi corazón, quizá algo de esto pueda servirte para ser más feliz, loca y libre.

Siempre me dijeron que “hay que perdonar”, que el perdón es olvidar y que es de gente “grande” perdonar.  Algo así como si fuese una cosa automática, si eres “linda y buena” debes perdonar y olvidar.  Dejar de pensar en lo vivido y de paso…, justificar a los otros, porque perdonarles es “amarles y comprenderles” y eso, ¡te hace buena!  Siempre me dijeron que si no perdonaba iría por la vida llena de rencor y que acabaría mal, pero jamás nadie me habló de cómo se perdona, de lo difícil que es y del camino para alcanzar el perdón.

Perdonar no es automático y lo peor es ir por la vida sin lograrlo, porque quien te ha dañado sí parece ir muy feliz y libre de culpas por el mundo, en tanto una sufre y se consume en el dolor.

En mi caso, fui la última en enterarme de las infidelidades de mi esposo, siempre confié en él.  Al principio no lo podía creer (o quizás debo decir que “no lo quería creer”).  Busqué razones, pedí explicaciones, me culpé, me enojé, sentí toda la rabia que se puede sentir y me hundí en el dolor.  Pasé por un período de depresión, en el cuál nada importaba.  Lloré mucho y terminé por “aceptar” lo que había sucedido, pero eso era muy diferente de perdonarle.  Conforme pasaban los años, yo seguía cargando dolor y culpa.

Entonces, busqué ayuda.  Poco a poco, sesión tras sesión, fui descubriendo que ese “duelo” que había vivido, nunca estaría completo hasta que lograra perdonarme  y perdonar.  Con mucho enojo le pregunté una vez a mi terapeuta: ¿de qué tengo que perdonarme, si yo soy la víctima?  En mi sufrimiento y negación no podía ver que amarme era abrazarme y perdonarme por haber cargado tanto dolor.  Sólo luego de haberme YO perdonado, estaría lista para perdonar a otros y ser libre.

Con el tiempo, me perdoné por haber construido en mi mente un hombre diferente del que en realidad era y no quise ver.  Me perdoné por haberlo disculpado y justificado una y otra vez, por no poner atención a tantas señales y detalles de su verdadera forma de ser.  Me perdoné por culparme, por haber pensado que si yo hubiera hecho esto o aquello, mi exesposo no habría buscado otras mujeres.  Me perdoné por haber seguido con él y aceptar sus mentiras.  Me perdoné por haber dormido a su lado, sabiendo que venía de otra cama.  En fin… me perdoné por tantas cosas, pero en especial me perdoné por no haberme protegido, por dejar que alguien me hiciera daño. La terapia funcionó, poco a poco aprendí a amarme, a protegerme y a tomar mis emociones y transformarlas.

Ahora sabía cómo “devolver mentalmente” aquello que me hacía daño.  “¡Qué cada quien cargue su basura!”, decía mi terapeuta, refiriéndose a que no debemos permitir que los demás nos llenen de dolor con su maltrato y agresión.  Sí, funcionó.  Se me hizo costumbre “devolver mentalmente” el dolor.  Fue muy liberador no cargar lo malo que las personas me daban, pero sí aceptar y agradecer el amor, la paz y los gestos buenos de los demás.

Y bueno, poco a poco estuve preparada para cerrar el ciclo de mi exesposo y esto, debía hacerlo “en persona”, era el cierre de mi terapia.  Le compré un regalo y conforme lo iba envolviendo con un hermoso papel, en voz alta iba poniendo dentro, lo mucho que me dolieron sus traiciones y todo el sufrimiento que me causó.  Llegó el día y me reuní con él, debo reconocer que estaba muy asustada.  Lo  primero fue agradecerle con humildad y profunda sinceridad todo lo bueno que me dio durante nuestros 21 años, luego le dije que desde el fondo de mi corazón le había perdonado.  Por último, le expliqué que con ese regalo le devolvía todo el dolor que me dio, toda la angustia y la desesperación.  “Te devuelvo tu basura, es tuya –le dije con mucha paz.  Ya me he perdonado por cargarla tanto tiempo, ahora te toca a ti”.  Le acerqué el regalo, le dije adiós y me fui.

Al principio, me sentí muy asombrada de mí, jamás imaginé que tendría la fuerza para hacer eso.  Luego, me percaté que estaba profundamente triste y fue entonces cuando comprendí por qué es tan difícil perdonar.  Porque al perdonarle, dejé ir lo último que me ataba a él. Porque al perdonarle, le había dejado ir por completo y para siempre.  Ya no estaba más en mis pensamientos, había pasado a ser sólo un recuerdo muy lejano.  Ya no tenía el enojo como excusa para recordarle, o el rencor para sentirlo cerca.

Ese día comprendí que perdonar no es un acto de bondad, es un acto de valentía.  Es dejar ir lo último que teníamos de esa persona en nosotros.  Es borrar esa pequeñísima esperanza que guardábamos en nuestro corazón.  Perdonar es aceptar a la persona como es y dejar la añoranza de lo que pudo haber sido, con el perdón se comprende la realidad y entonces, ya no hay nada que esperar y nada que temer.

Vi que el problema de perdonar, lo verdaderamente difícil, es llegar a ese punto en que se deja ir todo, sueltas todo y entonces, quedas sola con tu libertad.  Sola contigo misma para amarte y llenar tu vida de plenitud, sin ataduras.  Al darme cuenta de esto, la tristeza se había ido y una profunda paz inundó mi alma, una tibia y dulce tranquilidad liberadora llenó mi corazón.

¿A qué estamos atadas?  ¿Recordamos una y otra vez lo que una persona nos hizo y hasta lo que dejó de hacer?  ¿Seguimos esperando que nos quieran y nos muestren un poco de amor? ¿Estamos dispuestas a “dejar ir”, o por el contrario nos aferramos a la dependencia? ¿Nos hemos dado un abrazo a nosotras mismas, últimamente?  ¡Son tantas las preguntas que debemos hacernos!  No dejemos para después el autodescubrimiento y la reflexión, es un camino de vida.  Puede ser que duela,  pero solo para crecer y ser libres.

Te abrazo con todo mi cariño.

Vane

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3 comentarios en “¿Por qué es tan difícil perdonar?

  1. CARMEN dijo:

    Que valiente amiga tu relato me lleno el alma, pero al mismo tiempo no paraba de pensar en que esto te ocurrió con alguien que amabas. Pero si pasa con una hermana ¿crees que seria igual o parecido? gracias saludos

    • Locas y Libres dijo:

      Querida Carmen,
      Sí, sería igual o parecido. Yo con mi hermano apliqué esas mismas estrategias, igual le entregué su «paquetito» y créeme que lo mismo haría con cualquier relación tóxica. Cuando dejas de esperar que alguien sea diferente de quien en es, simplemente aceptas la realidad, dejas de esperar y te liberas.
      ¡Te animo a que vivas una vida plena y libre, sin rencores! ¡Tú tienes el poder de liberarte!
      Un abrazo fraterno, Vane.

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