¿Cómo supe que estaba preparada para tener un hijo?

Creí que ese momento nunca llegaría, que nunca me iba a sentir preparada para tener un hijo, porque como dicen “uno nunca está preparado”. Creo que uno nunca está preparado al 100%, pero si llegó un momento en mi vida que supe que estaba preparada para enfrentar esa responsabilidad con mucha alegría, felicidad y amor.

Nunca he sido de niños, no suelo “derretirme” al verlos y no me llama la atención jugar con ellos; adicionalmente no me sentía interesada en tenerlos. Creo que la mayor parte de mi vida pensé en tener hijos porque es una etapa, porque es algo que la sociedad te dicta hacer.

Entonces pensé que ese momento de sentirme preparada nunca llegaría, que nunca iba a sentir ganas de tener hijos. Tenía muchos proyectos, metas, sueños e incluso la gran parte de la década de mis 20’s no tenía la menor idea de lo que quería hacer con mi vida profesional.

Pasaron los años y solo sentía ansiedad al pensar en eso porque sentía que si tenía hijos la vida se me acabaría, que ya no iba a poder realizarme como mujer ni profesional. Que tener hijos y crear una vida propia era algo excluyente.

Tal vez, esta idea fue vendida por el entorno machista en el que crecí y porque mi exesposo no quería que yo trabajara si teníamos hijos. Si bien es cierto me gusta dedicarme a mi casa, mi pareja y mi familia, pero no sentía que ser ama de casa era mi vocación, siempre sentía que algo me faltaba como mujer.

Estudié diferentes carreras en mi búsqueda por encontrar mi pasión y fue hasta que estudié Gastronomía y una Maestría en Gerencia de la Calidad que me di cuenta que iba por el camino correcto. Cuando terminé la carrera debía hacer una práctica profesional, la cual siempre había soñado hacer en el hotel más importante de mi ciudad. Ingresé a ese hotel y mi vida cambió para siempre.

No les puedo explicar lo feliz, realizada, apasionada y plena que me sentía. Como dicen “como pez en el agua”, finalmente había encontrado lo que me gustaba hacer y me sentía capaz de hacerlo.

Lamentablemente, mi matrimonio no resistió ese giro que le di a mi vida.  Ahora era una mujer soñadora, que quería trabajar, que quería salir al mundo y las expectativas de mi expareja eran otras; él quería que fuera ama de casa y mamá. Pero simplemente yo no podía volver atrás, ese mundo desconocido y mágico que encontré me hacía vibrar.

Pasó el tiempo y yo seguía trabajando para ese hotel, pero ahora no como practicante sino como la Supervisora de Calidad para dos hoteles. Yo nunca había creído que era capaz de lograr tantas cosas, creía que no tenía la experiencia suficiente ni la capacidad suficiente. Pero poco a poco, este lugar y las nuevas personas que me rodeaban me empezaron a enseñar la persona y profesional que yo era. Me empecé a sentir suficiente, empecé a amarme, a conocerme y sentirme plena.

Durante este tiempo de crecimiento personal y profesional conocí a un maravilloso ser humano, un hombre que me hacía vibrar al igual que mi trabajo, que creía en mí, que me impulsaba a volar. Poco a poco, él empezó a hacerme ver lo valiosa y capaz que soy, me empezó a escuchar y acompañarme en ese viaje de mi autodescubrimiento. Los meses pasaban y yo me empezaba a enamorar de él, de mí, de mi trabajo y de mi vida.

Me sentía libre pero acompañada. Establecimos nuestra relación y empezamos a caminar juntos, a pasear, a gozar la vida, a soñar juntos y a acompañarnos. Mi vida no era suya, ni su vida era mía. Simplemente éramos dos personas que querían compartir sus vidas y tener compañía.

Finalmente decidimos vivir juntos, porque nos encantaba estar uno al lado del otro. Nos empezamos a conocer más, viajamos, paseamos, reímos e incluso lloramos pero nuestro amor se hacía cada día más fuerte.

Y ahí fue cuando finalmente me sentí preparada para tener hijos. Después de muchos años había logrado encontrar mi verdadera pasión, me sentía plena, me sentía mujer y no una niña. Me sentía completa como mujer y profesional. Adicionalmente, Dios me había puesto en mi camino a un hombre que me dejaba volar, que no me cortaba las alas, que me hizo amarme y respetarme; y que me demostró que no me iba a dejar sola, sino que me iba a acompañar por este camino que se llama vida.

Entendí que tener una familia, una pareja e hijos no impide que una pueda desarrollarse como mujer y profesional.

Te invito a encontrarte a ti misma, tengas o no tengas hijos, nunca es tarde para encontrarnos, para descubrir qué nos hace vibrar, qué nos hace sentirnos mujeres plenas. Cuestiónate ¿qué sueño? ¿qué soñé toda mi vida pero nunca logré? ¿cómo me gustaría verme en 5 años? ¿en 10 años? ¿cómo quiero crear mi vida a partir de hoy?

Es un proceso, no se logra de la noche a la mañana, es cuestión de paciencia, pero empieza con el autodescubrimiento.

Un abrazo,

Montse.

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