¡Cuando los defectos se vuelven INMANEJABLES!

Muchas veces creemos que él es el hombre de nuestra vida, pero realmente es solo una construcción mental, como si nos pusiéramos anteojos especiales que nos ayudan a crear en nuestra mente a nuestro hombre soñado, sin darnos cuenta que el verdadero hombre que él es, NO es el amor de tu vida.

Yo sé que es confuso, pero te aseguro que si te quitas las vendas de los ojos podrás verlo tal cuál es, y sólo ahí podrás saber si es el hombre de tu vida o no.

A mí me tomó 13 años de mi vida darme cuenta que realmente no era el hombre para mí, tal vez tú puedas darte cuenta mucho antes que yo.

Aprendí a identificar las claves que indicaban si era la persona correcta hasta que me divorcié. Creo que mucho de lo que influyó fue que nos casamos muy jóvenes, por lo que mi corta experiencia hizo que no tuviera mucho punto de comparación, lo idealicé y creí que era el hombre para mí.

Muchas veces hay mil señales de que no nos conviene esa persona en nuestras vidas pero nosotras insistimos en continuar. Eso es como ver una pared dañada, pasarle pintura por encima y decir que es la pared perfecta. Luego vuelve a aparecer el daño, la volvemos a pintar y volvemos a verla perfecta. Por más que insistamos en pintarla, la pared tienen muchos daños e imperfecciones que nos van a seguir afectando.

Ya lo sé, en este momento estarás diciendo, ¿ésta mujer cree que existe el hombre perfecto?

No, no creo que exista el hombre perfecto ni nosotras somos mujeres perfectas, pero sí creo que podemos encontrar una pareja que tenga defectos manejables para nosotras y que nuestros defectos sea manejables para ellos. El problema está en que encontramos parejas con defectos que se nos hacen INMANEGABLES y nosotras insistimos en que los podemos cambiar o que nosotras nos podemos acostumbrar. Es decir pintamos la pared defectuosa una y otra vez e insistimos en que no tiene nada malo.

Se trata de ver a la persona que tenemos al lado sin esos anteojos que nos distorsionan la realidad y así darnos cuenta si sus defectos son manejables o inmanejables. Recuerda que, por lo general, se nos hace demasiado difícil cambiar nuestros defectos y muchas veces uno no tiene interés en modificarlos. Por lo que resulta desgastante para ambas partes que uno de los dos trate de cambiar esa característica de la otra persona, cuando siempre ha sido así.

Recuerda el dicho, el cual es cierto aunque no queramos, “nunca nadie cambia”. Creo que todos somos capaces de cambiar pero solo depende de nosotros, de nuestra voluntad, de nuestra motivación. No vamos a cambiar porque otro nos dice que debemos cambiar porque a ellos no les gusta como somos.

Les voy a poner un ejemplo para que me entiendan mejor. Yo soy una persona madrugadora, me encanta pasear, salir, hacer mandados, cocinar y en general ser activa. Desde que éramos novios a él le encantaba dormir hasta el mediodía. Claramente empezaron a haber choques porque yo quería que él paseara conmigo, saliera, cocinara y me acompañara a hacer cosas desde temprano.

Durante los primeros años de noviazgo lo empecé a justificar porque éramos adolescentes y es usual que los adolescentes duerman hasta tarde. Luego llegamos a los veintes y está conducta continuó. Obvio me seguía molestando pero lo empecé a justificar porque él trabaja hasta las 11pm entonces entendía que debía estar cansado.

Luego cambió de trabajo y la conducta continuó, pero él trabaja sábados, entonces lo justifiqué porque a él le encantaba dormir hasta tarde y el domingo era el único día que podía hacerlo.

Cuando estábamos un poco más allá de los 25 años de edad, la conducta continuó. Yo seguía sintiéndome sola en los días libres, llenaba mi tiempo saliendo con mi papá o mi mamá, desayunando con ellos o haciendo algunos mandados.

Yo me enojaba mucho, pero realmente esta emoción se debía solamente a mi frustración y a la tristeza de sentirme que no era su prioridad. Su prioridad era dormir, descansar, ver tele, pero no era su prioridad pasar tiempo conmigo en la mañanas. Él me prometía que cuando consiguiera un trabajo que pudiera tener sábado y domingo libres, iba a cambiar y pasar más tiempo conmigo.

Pasaron los años y cambió de trabajo, finalmente tenía el sábado y domingo libres. Empezamos a salir más temprano para desayunar o hacer algunos mandados, claro tenía que suplicarle por horas que se levantara para poder salir alrededor de las 8:30am o 9:00am.

Ustedes dirán, bueno pero finalmente cambió. Qué les diré…a medias digamos. Porque como empezamos a salir temprano en las mañanas él entonces hacía siesta en las tardes. Entonces igual el seguía durmiendo la misma cantidad de horas.

Pasó el tiempo y entonces apliqué la ley de “si no puedes contra ellos úneteles”. Entonces empecé a dormir hasta tarde o hacer siesta con él. ¡GRAVE ERROR! Porque estaba defraudándome a mi misma por complacer a otros. Lo que menos me ha gustado hacer es dormir mucho y hacer poco, y eso fue justamente lo que terminé haciendo. Fui infiel a mi misma, a mis gustos, mis creencias y mis principios.

Seguíamos peleando por este tema, entonces un día él decidió poner una alarma a las 6:00pm para levantarse “temprano” después de la siesta, porque a veces la siesta duraba hasta las siete u ocho de la noche. Y ese día me di cuenta que mi matrimonio debía llegar a un fin.

Yo quería que mi esposo estuviera conmigo porque quería, porque le nacía, porque prefería divertirse conmigo que dormir. Pero lamentablemente no era así, tal como me lo dijo un día: “uno de mis mayores placeres en la vida es dormir”.

Y tenía razón, ¿quién soy yo para cambiarlo? ¿quién soy yo para quitarle uno de sus mayores placeres?

Pero por otro lado, también me di cuenta que uno de mis mayores placeres era ser activa y madrugadora y que no debía cambiar como soy porque eso me hace feliz.

Entonces lo único que queda es separarse, porque aunque se llegue a mil acuerdos, este seguirá siendo un defecto inmanejable para la otra persona y nunca ambas partes estarán 100% felices.

Es importante tomar en cuenta que este es un ejemplo de un defecto inmanejable, pero era tan importante para mí que llegó al punto de afectarnos en todos las áreas de nuestra relación. Poco a poco estos defectos inmanejables van erosionando la relación de pareja, al punto de darnos cuenta que no podremos continuar con esa dinámica por muchos años más. Como pareja ambos llegarán a sentirse muy infelices, insatisfechos y con problemas constantemente.

Creo que una relación de pareja se trata de negociar pero tiene un límite, cuando empiezas a negociar tus necesidades y características fundamentales de tu personalidad.

Atrévete a quitarte los anteojos para descubrir aquellas situaciones que te hacen infeliz, analízalas y valora el peso que tienen en tu vida.

Atrévete a ser “Loca y libre”, un abrazo,

Montse.

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